Marcel Proust

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La parte de Guermantes. En busca del tiempo perdido 3

En La parte de Guermantes, tercer volumen de los siete que componen la monumental obra En busca del tiempo perdido, presenciamos el ingreso del joven Marcel en el soñado mundo de la aristocracia. Marcel Proust (1871-1922) nació en París en el seno de una familia adinerada y abandonó muy pronto sus estudios de derecho para relacionarse con la sociedad elegante de París y dedicarse a escribir. Aquejado de asma desde su infancia, a los treinta y cinco años se convirtió en un enfermo crónico y pasó el resto de su vida recluido, sin abandonar prácticamente nunca la habitación revestida de corcho donde escribió su obra maestra, En busca del tiempo perdido (Por la parte de Swann, 1913; A la sombra de las muchachas en flor, 1919; La parte de Guermantes, 1920-1921; Sodoma y Gomorra, 1920-1921; La prisionera, 1923; Albertine desaparecida, 1925, y El tiempo recobrado, 1927). Dicha obra describe la vida mental de un hombre ocioso que se mueve entre la alta sociedad, un largo monólogo interior en primera persona que es, en muchos aspectos, autobiográfico. Es autor de otras obras como Los placeres y los días (1896) y Jean Santeuil, que no apareció hasta 1952. Su importancia reside no tanto en las descripciones de la cambiante sociedad francesa como en el desarrollo psicológico de sus personajes y su preocupación filosófica por el tiempo, al que trata como un elemento al mismo tiempo destructor y positivo, solo aprehensible gracias a la memoria intuitiva. Proust concibe el tiempo como un fluir constante en el que los momentos del pasado y el presente poseen una realidad igual. Exploró con valentía los abismos de la psique humana, las motivaciones inconscientes y la conducta irracional, sobre todo en relación con el amor. En busca del tiempo perdido es una de las más geniales creaciones literarias del siglo XX. Verdadera suma novelesca de la sociedad francesa anterior a la Primera Guerra Mundial, el propósito en que se inspira es preservar del olvido las experiencias del pasado, aniquiladas por el tiempo pero conservadas en la memoria inconsciente del narrador. Proust, en efecto, vive obsesionado por la huida irreparable del tiempo, por su implacable efecto destructor sobre las personas y las cosas. En La parte de Guermantes, tercer volumen de los siete que componen la monumental obra, presenciamos el ingreso del joven Marcel en el soñado mundo de la aristocracia. A la elegancia de los salones servirá de contrapunto fúnebre la sombra de la muerte. «Me has dicho a menudo que la extensión de las frases de Proust te extenúa. Pero espera a que regrese y te leeré esas interminables frases en voz alta: ¡cómo, inmediatamente, todo se organiza!, ¡cómo los diferentes planos se colocan!, ¡cómo se profundiza en el paisaje del pensamiento!» ANDRE GUIDE en su Carta a Angèle
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